En el periodismo hay una sola estrella: La noticia

Por Gustavo Surt (*)

El premio Nobel Gabriel García Márquez decía que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Esta frase es conocida por todos, fundamentalmente por los periodistas, porque es seguramente la mejor definición de esta vocación que, además, es una gran pasión.

El periodismo es un oficio que permite y obliga a ser testigo de lo que pasa para poder contarlo. De alguna manera, el periodista es protagonista de la historia, de la vida propia y ajena. Es por tanto, un privilegiado.

Los tiempos han cambiado, pero no somos pocos los que aún mantenemos las viejas premisas de periodistas que, aunque jamás tuvieron un título, mantenían ciertos principios fundamentales. Uno de ellos era y es: “Voy, veo, pregunto, averiguo todo lo posible, vuelvo, analizo y escribo”. Así marcaron caminos personajes que de una u otra manera hicieron historia en el periodismo nacional. No fueron a la facultad, pero tenían un nivel de cultura general impresionante, además escribían como los mejores escritores.

Mencionaremos sólo algunos como Emilio Saporiti, quien fundó en la Argentina la primera agencia de noticias de América y la sexta del mundo. Otros que escribían y hacían periodismo a la par de distintas actividades, como lo hicieron Manuel Gálvez, Roberto Payró, Alberto Gerchunoff, Julián Aguirre, Ricardo Rojas o José Ingenieros.

Por otra parte algunos diarios hicieron historia. Por ejemplo Crítica. Fue una revolución. El suplemento cultural de La Nación también hizo historia. O La Prensa en sus años de esplendor.

En el periodismo deportivo fueron muchos los nombres que marcaron época y cuyas notas iban mucho más allá de la mera crónica de un partido de fútbol. Un ejemplo claro de eso fue Osvaldo Ardizzone.

Pero hubieron y hay muchos más, aunque los tiempos han cambiado y hoy la aparición de nuevas tecnologías y nuevos formatos marquen una realidad diferente. Pero ser periodista, no es contar lo que nos encontramos paseando por una calle en un puñado de caracteres. Es mucho más que eso.

El gran cambio que se dio en los últimos años es que la gente necesita del periodismo, de la información e incluso del análisis. Esto exige al periodista a estudiar permanentemente, a mejorar su redacción cada día, a lograr profundizar una idea sobre un hecho y hacerlo en un espacio que siempre resulta reducido. Le exige además tener un nivel de cultura general importante.

A la pregunta ¿en qué consiste el oficio de periodista?, un redactor de un periódico norteamericano contestó algo que consideramos importante transcribir: “Si escribo un análisis en profundidad, es demasiado largo. Si lo hago condensado, es incompleto. Si tomo partido en una cuestión, tengo prejuicios. Si no, soy un cobarde. Si he pasado poco tiempo en mi puesto, carezco de experiencia. Si he pasado algún tiempo, ya es hora de cambiarme. Si no me paro a charlar (tengo que alcanzar el cierre, saben), soy demasiado grande para mis zapatos. Si me paro a charlar, no tengo mucho que hacer. Si pido consejo, soy un incompetente. Si no lo hago, soy un sabelotodo. Si cometo un error, oigo hablar de ello semanas enteras. Si no, nadie me dice nada. Si acepto una invitación social, soy un alcohólico. Si no lo acepto, soy un bicho raro e introvertido. Si cito mal su nombre, usted no lo olvidará nunca. Si lo cito bien, usted no leyó mi artículo”. Es que no es sencillo ser periodista.

“Hombres profundamente penetrados del sentimiento de su responsabilidad; hombres marcados con el sello de la verdadera personalidad, capaces de hacer posible la vida interior de la sociedad”, dijo alguna vez el Papa Juan XXIII refiriéndose a los periodistas, y agregó que los loe mismos deben tener “sentido de la responsabilidad, honestidad absoluta y amor a la verdad”.

Esto expresa la importante responsabilidad social del periodista. Al periodista se le ha reclamado, se le reclama y, cada vez con más fuerza se le va a reclamar honestidad, responsabilidad y trabajo. También recibirá críticas y en no pocas ocasiones se le despreciará y se intentará que diga o escriba lo que no piensa. Por eso es necesario el estudio y el amor a este oficio, además de la vocación verdadera de servicio a la sociedad.

La realidad es que el periodista, a través de la verdad, debe servir a la sociedad, pero jamás servirse de ella.

Pensamos también que el periodista debe ser humilde, porque la estrella es la noticia.

También es fundamental admitir los errores propios para mantener con sinceridad la convivencia social. El periodista debe tener un personal sentido ético. Sin ética no hay autonomía, y sin autonomía el periodista pierde lo más preciado: la libertad. Pero debe tener en claro que ser libre no significa desatender la ley, el respeto, la ética, la moral.

Además, más allá de la noticia, debe ser coherente entre lo que piensa, escribe y hace.

Estos son algunas cosas que, pensamos, debe tener el periodista. No es sólo contar lo que sucede, sino hacerlo con clara conciencia de la responsabilidad inmensa que se tiene ante la sociedad. Esa responsabilidad nace del amor a un oficio único e imprescindible para el desarrollo personal de las sociedades.

Este domingo se recuerda el Día del Periodista en Argentina. La fecha fue establecida en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas. El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la “Gazeta de Buenos Ayres”, primer periódico de la etapa independentista argentina. La Primera Junta indicó por decreto su fundación por ser necesario anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

Feliz día para todos los periodistas.

(*) Escritor y periodista chajariense

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